Hoy teníamos grupo de trabajo. Han venido solo cuatro personas porque el resto tenía que ir a otra reunión. Entonces, hemos decidido cambiar esta sesión para otro día.
De las cuatro que han venido, solo una persona había hecho la tarea que se había pedido en la última sesión, hace quince días.
Me subía la rabia desde los pies hasta la punta del pelo. Se han quedado a hacer la tarea en mi clase y todavía han tenido el morro de pedirme ayuda para hacerla.
He pensado: "Os jodéis, no pienso decir ni una palabra". Y me he puesto a hacer que hacía algo, aunque no he hecho prácticamente nada porque cuando estoy enfadada no puedo pensar. Me sentía mala, malísima, sin hacerles caso.
Coordino el curso y no me dan créditos por ello. Hago de ponente en el curso y solo me van a certificar seis de las veinte horas que imparto. Por supuesto, no me pagan.
Solo me falta que, después de dar las clases como si fueran niños de tres años, no hagan la tarea para aprender de semana en semana... y tenga que repetir lo que dije hace un mes y hace quince días otra vez. ¡Nooooooooooooo!
Lo que más me ha fastidiado es la actitud de una nueva compañera, la que me dijo que era ella vaga, la que en su wassap pone "me aburro", la que viene de un centro pionero en TIC... ¡no ha hecho ni un solo día los deberes, no toma apuntes en las charlas, no trae el ordenador... y hoy me pregunta qué hay que hacer y cómo se hace...! Me daban ganas de estra...
Estoy muy enfadada. Decepcionada. ¡Coñooooooooo! Luego pedirán a sus alumnos que hagan los deberes...