Voy como una moto: a clase, a comer rápido, a clase otra vez, de una clase a otra, de "Que llueva, que llueva" a explicar las alteraciones, de hablar de Kandinsky a la danza de la lluvia, a cuidar el patio porque llueve..., a comprar fruta, encargar las lentillas, coger el coche, inglés...
En clase de inglés estaba pensando en la armonización de la canción de la paz y en mandarle el mail de la misma a la directora de la coral, que estaba sentada a mi lado, cuando me ha mirado la orientadora del centro, que también viene a esta clase, y me he acordado de que tengo que enviarle unas adaptaciones curriculares. Mientras, había que ver y escuchar un vídeo sobre un tío que "hace nubes". He contestado bien a dos preguntas (de cuatro).
Entonces me pregunto: "María, ¿qué haces aquí pudiendo estar en casa tranquilamente". Y me respondo: "Aprender. Que lo necesitas para los viajes y el título... a lo mejor también".
Y me acuerdo de D. F., el cura, que siempre nos decía: "En cada momento, haz lo que haces". Y me pongo a escuchar a la profe.
No sé si no llego al nivel y mis neuronas tienen que esforzarse más, si las tengo atrofiadas, si estoy cansada... no me apetece pensar.